El alzhéimer en una palabra

Existen tantas maneras de vivir el alzhéimer como personas aparecen en esta foto. Existen tantas palabras con las que describir esta enfermedad como lugares hay desde los que mirarla.

Son tantas y tan variadas las tonalidades, los colores, las formas, hasta los sabores que han ido tejiendo y que conforman la red de experiencias de estos hombres y mujeres, que tratar de comprimirlos en una sola palabra pareciera imposible.

Precisamente porque me encantan los retos y llevada por mi más viva curiosidad, yo quise hacer el experimento esa mañana y les pregunté: “¿Cuál es la primera palabra que se os viene a la mente al escuchar el término ´alzhéimer´?”.

“¡Uff!” – escuché de boca de uno de los asistentes, tímido aún de romper el hielo, me pareció un titular genial.

“Difícil”, “cariño”, “pérdida”, “amor”, “cansancio”, “tristeza”, “oportunidad”, fueron brotando como a trompicones los distintos sustantivos y adjetivos de los labios de los asistentes, todos ellos familiares y cuidadores de personas con alzhéimer, a los que el Centro de Día Cruz Roja Reina Sofía brindaba tan eficazmente sus servicios y profesionalidad.

Yo iba cuidadosa recogiéndolos todos, inhalándolos lentamente, agradecida de estar siendo receptora de tanta vida, de tanta humanidad, y al hacerlo, me fui dando cuenta de que todos y cada uno de esos términos también habrían servido para definir en un momento dado mi propio viaje por el azhéimer de la mano de mi padre Facundo.

Sin duda en algunos momentos me sentí cansada, agotada incluso, y por supuesto que fueron innumerables las ocasiones en las que me perdí; era ahí cuando la sola idea de volver al camino y seguir avanzando se me hacía tan difícil, tan complicado.

Sin duda mi aventura rezumó en todas sus etapas cariño, a raudales, y qué decir de los infinitos momentos en los que la ternura se tornó en amor, y mi padre y yo conectamos tan profundamente que aún sigo maravillada de ese éxtasis, de esa sensación de pura unión a la que sin duda no hacen justicia las palabras.

La tristeza también vino a visitarme, y en numerosas ocasiones comprobé que al no resistirme a ella y atreverme a abrirle la puerta, otras se iban poco a poco descorriendo para traerme a la alegría.

¡Ah! Y cuántas oportunidades para aprender durante el viaje, para descubrirme a mí y a mi padre, cuántas oportunidades para elegir la palabra con la que en ese momento etiquetar mi experiencia.

Ese día Carmen lo expresó muy bien cuando, al término de nuestro bonito encuentro, se acercó a mí para decirme: “¿Sabes? Antes, al preguntarme por una palabra con la que definir esta enfermedad, me ha salido decir “pesadez”, pero sé que muy probablemente esta tarde, cuando mi madre llegue a casa de este Centro de Día, y me regale una de sus sonrisas, me derretiré, y si me preguntaras entonces, te diría que alzhéimer es también “ligereza””.

Tal vez el alzhéimer sea eso, una y todas las palabras a la vez, lo blanco y lo negro, lo dulce y lo amargo, la sombra y la luz; ni más ni menos que como es la vida misma. En nuestra mano está el poder elegir la etiqueta desde la cual mirarlo y por supuesto, experimentarlo. No dejes que otros se la pongan por ti.

Aquí te dejo una popular fábula para que, si te apetece, saques tus propias conclusiones:

Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla que ocurre en el interior de las personas. Él dijo, “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos dentro de todos nosotros”.

“Uno es Malvado – Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.

“El otro es Bueno – Es alegría, paz amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe.

El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo: “¿Qué lobo gana?”

El viejo Cherokee respondió: “Aquél al que tú alimentes.”

Nota: Gracias al Centro de Día Cruz Roja Reina Sofía de Madrid por permitirme compartir con vosotros tan entrañable encuentro. 

Gracias por leerme

Susana García Pinto 

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