Te quiero más que a nadie

Son muchas las vías por las que las personas con alzhéimer nos transmiten su cariño. En nuestra mano está el saber apreciarlas en todo su valor. Incluso en la etapa avanzada de su enfermedad, y en el centro de día, Facundo hizo saber a su mujer Trinidad lo importante que ella era en su vida. Bastaron siete palabras modestamente escritas a lápiz acompañando a un llamativo e infantil corazón, para hacer saber a su inseparable compañera que a pesar de las apariencias, de los avanzados síntomas de su enfermedad, lo importante -su capacidad para amar- seguía intacta.

Trinidad por su parte, estuvo siempre muy lúcida y no se dejó engañar por lo que no eran sino un mera colección de síntomas. Y así  es como mi madre se encontró y conoció de primera mano lo que ella define como el amor con mayúsculas.

Fue durante la enfermedad y no en los más de treinta años que ambos convivieron juntos antes la misma, que estos dos seres encontraron y experimentaron lo que es la conexión verdadera, esa que solo se teje de esencia a esencia. Ese lazo delicado e inquebrantable al que el alzhéimer siempre respeta.

 

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